Siempre recuerdo con cariño los tiempos de niñez cuando llegaban los payasos, las mascaradas, con su música y las perseguidas que nos pegaban con sus chilillos, el susto de verse perseguido por un diablo o la giganta el cadejos u otro personaje. Traigo a esto a la memoria porque entendí hace mucho que la gente se disfraza con un propósito, en todas las culturas hay alguna fiesta en donde las personas pueden adoptar un personaje aunque sea por un rato, para luego regresar a ser el mismo. Y así pasa en la vida, ya sea por temor al rechazo, por problemas de autoimagen o estima, por ese miedo a ser uno mismo, para engañar o estafar la buena fe de otros, las personas se ponen una máscara, el problema radica en que, finalmente, tarde o temprano la vida te pone en la situación en que se debe ser quien es y en muchos casos entonces, vienen problemas decepciones o desilusiones y más cuando se trata de temas de amistad o romance. Escribo esto porque también ya hace mucho un buen día me harte la máscara de los miedos inseguridades y demás, decidí que, seria tal cual soy, así quien me acepte será por lo que mira en mí, así como acepto a quienes forman parte de mi circulo como son. Quitarse las máscaras, permitir que otros nos vean al natural, no deja de tener sus altibajos pero finalmente, es más honesto más diáfano, deja mejores resultados para todos. No pretendo ser lo que no soy, ni es mi interés hacerlo, sé que como en todos hay virtud e imperfección en el hombre, porque no ser tal cual ?, sin más pretensión que el de dejar ver nuestro interior sin ingredientes artificiales? , al final, como bien nos dice Benedetti en su poema: es mejor no vendernos simulacros para que entre los dos no haya telones ni abismos….

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